Mujeres mexicanas, cantantes asesinas "matan" con su talento
Tres voces, tres temperamentos, tres divas en escenas.
. . "Mujeres mexicanas, cantantes asesinas" cumplió su cometido: aniquilar y "asesinar" con sus canciones de amor y desamor a un público que llenó el Auditorio Nacional la noche del miércoles.
Con su temperamento, sus atrevidas interpretaciones y atuendos de infarto, Dulce, Amanda Miguel y Rocío Banquells regalaron una noche irrepetible en el Coloso de Reforma, una noche en la que cada una de ellas demostró que los años 80 no se olvidan.
El público fue de las tres, cada una se lo ganó a su manera, pero ninguna se podrá quejar de que no fueron amadas, idolatradas y veneradas a más no poder.
La primera en aparecer en escena fue Rocío Banquells, quien con "Pudo ser amor" dejó en claro que sus cuerdas vocales están en su mejor momento.
Su entrada fue triunfal y ella lo supo desde el primer momento que pisó el escenario, por ello, Rocío fue generosa al entregar el alma en temas como "Con él", dedicada a la comunidad gay, a quien dijo adorar, "No soy una muñeca", "No me puedo escapar de ti" a dueto con el ex académico Carlos Rivera y un popurrí de clásicos teatrales como "No llores por mi Argentina", "La Bella y la Bestia" y "Memories".
Rocío manejó, espléndida, su voz y el público estaba entregado a su artista.
Justo cuando se retiró de escena, la gente la hizo volver para que esa "Luna mágica" los hiciera suspirar.
Indiscutiblemente este tema fue coreado de principio a fin por sus seguidores mientras su intérprete, a punto de romper en llanto, agradeció semejantes muestras de cariño.
La Banquells se retiró bajo una lluvia de aplausos y la espléndida orquesta que la acompañó no dejó de tocar.
Al momento de arrancar de sus instrumentos musicales las primeras notas de "Tu muñeca", la gente ya estaba de pie, viendo descender de la escaleras a Dulce, quien ataviada con una larga capa bajó poco a poco los peldaños los impresionó, primero visualmente, y luego con su voz, la cual no escatimó en ningún momento.
De inmediato, la autoridad interpretativa de Dulce se dejó sentir cuando su voz alcanzó tonos brillantes en "Aún lo amo" y "Heridas".
Segura de sus tablas en escena, Dulce desafiaba a la audiencia con poses sensuales, acompañada de ese sello al interpretar que deja sin habla.
Después de agradecer las atenciones a su canto, Dulce se relajó e invitó al escenario a Mayrenne, de "Segunda oportunidad" para que cantara "Loba herida", un tema compuesto especialmente para la tamaulipeca, pero que ella cedió en un acto de humildad a la ex académica.
La respuesta del público fue buena para Mayrenne, pero exigían más de Dulce a lo que ella accedió cantando "Lobo" y al ponerse muy dramática en "Fui demasiado fácil" un sector de público se puso de pie; continuó con "Jamás" de Camilo Sesto, para rematar con "Déjame volver contigo", la cual tuvo que interrumpir casi al finalizar al ver al público de pie ovacionándola por varios minutos.
Este momento fue histórico para Dulce, porque lo anhelaba en el alma, por ello, se llevó las manos a sus ojos, para detener un llanto que estaba a punto de venir.
"No hay cosa más importante para un artista que ver, en uno de los escenario más importes de América Latina, a un público de pie, ovacionando a su artista, esto jamás lo olvidaré", dijo Dulce ante las muestras de cariño de las alrededor de 10 mil gentes.
Pero lo bueno para Dulce aún estaba por venir, ya que el público, sediento de su canto, la hizo regresar para delitarse una más, y qué mejor que con "Señor amor" en donde dejó de manifiesto que sus alcances vocales van más allá de lo permitido y eso se lo agradeció el público, quien una vez más, le regaló de pie, la segunda ovación de la noche.
Satisfecha de sus logros obtenidos, Dulce dejó el escenario mientras una larga melena de pelo ensortijado llegaba.
Era Amanda Miguel, quien con esa mirada felina y ese derroche de sensualidad, tomó el micrófono parra regalar "Amáme una vez más", "Mi buen corazón", "El pecado" y "Hagamos un trato".
Por supuesto que el público ya estaba en éxtasis total y Amanda se encargó de que asi siguiera.
Por ello, echó mano de "Así no te amará jamás" y "Como un títere" para llevar a la gente a la locura total con "El me mintió", obteniendo su primera ovación.
Amanda se veía divina en escena y con su andar cadencioso, dejó el escenario porque detrás de ella ya venía Rocío Banquells, dispuesta a todo con tal de ganarse una ovación la cual se ganó a pulso cuando cantó "Va todo al ganador", (The winner takes it all") de Abba.
No hubo quien la parara; su interpretar fue de lujo, magistral y vehemente.
Recibió una ovación que la hizo trastabillar de emoción y aún con las lágrimas a punto de brotar, los silbidos de los caballeros fueron acallados la música, y es que Dulce volvió a pisar el escenario, pero ahora con un diminuto vestido blanco que reveló que su cuerpo luce espléndido, como espléndido fue su número musical el cual fue interpretado a capella y sin micrófono.
Sólo se oía el respirar de la gente y a Dulce cantando "Noche de ronda", ¿el resultado?
, otra ovación, la más estruendosa, la más emotiva de la noche.
Dulce no salió del escenario, se dirigió a un sofá, se recostó, esperando que Amanda entrara a escena para cantar "La escalera".
Ella, soberbia, su postura en escena divina y bella su forma de llevar al mariachi por aquellos senderos del amor.
La noche estaba llegando a su fin, pero ellas no estaban dispuestas a dejar el escenario así, nada más, para ello, seleccionaron "Si tu eres el hombre", (un tema de Celine Dion, "The power of love"), hecho memorable porque las tesituras de Dulce y Amanda hicieron cimbrar el Auditorio Nacional, en tanto Rocío Banquells, embelesada, disfrutaba de este instante, que será recordado por miles y miles de personas que de pie, despideron a estas tres divas de la canción.
